Blog de Juan José Ortega

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Monedas digitales y responsabilidad política.

Los Estados se enfrentan a la decisión de lanzar o no el dinero digital. Si no se quiere especular financieramente es mejor no dejarse marear por los profetas de la tecnología ni por los responsables financieros que no ven más allá de sus problemas sectoriales.

 

Los Estados se enfrentan a la decisión de lanzar o no el dinero digital. Si no se quiere especular financieramente es mejor no dejarse marear por los profetas de la tecnología ni por los responsables financieros que no ven más allá de sus problemas sectoriales.

Metidos de lleno en la digitalización hay que procurar entender la tecnología lo mejor posible y así poder tomar decisiones políticas con toda legitimidad democrática. Posiblemente si hubiéramos prestado más atención a las redes sociales en sus primeros años, podríamos haber sido capaces de orientarlas en una mejor dirección y evitar los problemas que han surgido en nuestro sistema de convivencia. La decisión a tomar ahora por los Estados es el lanzamiento, o no, del dinero digital….

Las criptomonedas son un imán para el dinero. Un informe del Banco de España publicado este martes cifra en cerca de 60.000 millones de euros el volumen de transacciones con este tipo de activos en 2021 solo en España, lo que equivale a unos 1.275 euros por habitante. La fijación por invertir en ellas no desentona respecto a los países de su entorno: España supone en torno al 10% del negocio en la zona euro, un peso proporcional al de su PIB. La moneda digital sigue siendo la hermana pequeña si se la compara con la Bolsa, que en 2021 movió un volumen seis veces mayor, pero las tendencias son opuestas: mientras las divisas electrónicas ganan terreno, la compraventa de acciones cayó en España casi un 12% el año pasado.

En un sector como el de las criptomonedas, que pese a su creciente relevancia avanza todavía en medio de una cierta oscuridad, con una carencia sistemática de datos sobre el número de usuarios y la cuantía de sus operaciones, el Banco de España se ha valido para su estudio de las estadísticas no oficiales facilitadas por Chainalysis, basadas en algoritmos avanzados de identificación y geolocalización. El diagnóstico es que en Europa solo en el Reino Unido, Francia, Alemania y Países Bajos hubo en 2021 más transacciones que en España, quinta de la lista. En ella, llaman la atención Países Bajos y Portugal, donde el volumen de operaciones fue superior a lo que les correspondería por el tamaño de sus economías.

Los resultados no pueden considerarse completamente fiables, pero el Banco de España tira de otras fuentes de información. Y ahí se impone la tesis de que los españoles se ven especialmente atraídos por las criptomonedas. El Índice de Adopción de Criptoactivos de Finder, que realiza una encuesta periódica en 27 países, calcula que el 12% de los adultos ha invertido en ellas en España. La mayoría son hombres, pero con menos diferencia de lo que podría parecer a simple vista si se observan baremos como la participación en redes sociales o en convocatorias sobre el tema (13%, frente al 10% de las mujeres). La franja de los jóvenes de entre 18 y 24 años, más acostumbrada a moverse por el universo digital, fue la más activa en las compras, una realidad que despierta preocupación ante la falta de cultura financiera en ciertos casos y su exposición a estafas puntuales.

Un 1% de actividades ilícitas

El Banco de España explica que el porcentaje de operaciones que tienen como fin actividades ilícitas es bajo, de solo el 1% en España entre julio de 2020 y junio de 2021, pero advierte de que puede deberse al modo en que se miden. Chainalysis solo identifica aquellas en las que ha habido una investigación policial.

Otro fenómeno destacado por el regulador es que el bum de las criptomonedas no viene propiciado únicamente por pequeños ahorradores, sino por la irrupción de inversores institucionales. “Se observa una mayor importancia relativa de las transacciones de mayor tamaño (de más de 10 millones de dólares), lo que sugiere que habrían ganado importancia relativa en las operaciones con estas monedas”, explica el texto. No hay señales, en cambio, de que los bancos estén más expuestos, aunque las dificultades para medirlo hacen que exista cierta cautela al respecto.

Siempre según esos números, Europa sería la meca de las criptomonedas, con un 25% de toda la negociación global (unos 845.000 millones de euros), por delante de Norteamérica (18%). Su auge lleva al Banco de España a pedir que mejoren los instrumentos para medir su uso, y propone poner en marcha estadísticas oficiales y encuestas sobre su utilización. “La evolución al alza del uso y tenencia de criptoactivos en nuestro país, y los riesgos aparejados que pueden llevar aconsejan su consideración y seguimiento desde una perspectiva de estabilidad financiera. Para ello, resulta necesario mejorar la información disponible sobre estos activos, la asociada tanto a las transacciones como a la tenencia por parte de los distintos agentes económicos”, reclama.

Vacío regulatorio

La entidad reconoce las virtudes de la tecnología detrás de las criptomonedas: destaca que pueden mejorar la eficiencia y resistencia del sistema financiero al reducir los costes de las transacciones, y que permiten una mayor interoperabilidad en los pagos y más competencia. Pero puntualiza que su desarrollo solo será beneficioso si se produce dentro de un marco regulatorio que mitigue los riesgos. Entre ellos cita su uso para el blanqueo de capitales, su dependencia de tecnologías innovadoras, las dudas sobre su transparencia y el elevado consumo de energía que necesitan, con el consiguiente impacto climático.

El Banco de España señala que “las actividades sobre criptoactivos en España no están actualmente reguladas, excepto por ciertos requisitos de publicidad fijados por la CNMV”. Y explica que ahora mismo carece de competencias para regular y supervisar a los proveedores de criptomonedas, aunque realiza un seguimiento sobre la evolución del mercado “por su responsabilidad sobre la estabilidad financiera”. Ante su expansión internacional, llama a establecer de manera urgente reglas homogéneas para que no haya regulaciones diferentes que obliguen a resolver las diferencias con arbitrajes.

El regulador cree que el bitcoin, por las fuertes oscilaciones de su precio, no está utilizándose como medio de pago generalizado, y se asemeja más a un producto de inversión. Su riesgo estriba en que es difícil calcular su valor. “La dependencia del valor actual de los criptoactivos de las expectativas de compradores y vendedores sobre su valor en transacciones futuras, genera riesgos significativos de mercado y de liquidez”, concluye.

 

 

GREGORIO MARTÍN QUETGLAS  /  elpais.com

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