Blog de Juan José Ortega

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La recuperación dispareja de la economía global.

La economía mundial ha llegado a un momento decisivo. Muchos países intentan tomar una decisión entre abrir sus economías a pesar de la continua propagación del covid o liberar un estímulo macroeconómico adicional, que podría exponerlos a una compensación desfavorable entre beneficios de corto plazo y vulnerabilidades de más largo plazo.

Las posibilidades de un rebote ágil y uniforme de la crisis del Covid-19 se han atenuado, y la economía mundial hoy enfrenta perspectivas de crecimiento marcadamente divergentes

Estados Unidos y China se están perfilando para ser los principales motores de crecimiento global en el 2021. El consumo de los hogares y la inversión empresarial han aumentado en ambas economías, de la mano de medidas de confianza del sector privado. La producción industrial se ha recuperado en la mayoría de los países, fortaleciendo los precios de las materias primas y el comercio internacional.

De todos modos, Estados Unidos, China, India, Indonesia y Corea del Sur quizá sean las únicas economías importantes que superen los niveles de PIB previos a la pandemia para fines de este año. En la mayoría de las otras regiones, la recesión de 2020 muy probablemente deje cicatrices de más larga duración tanto en el PIB como en el empleo.

Una confianza renovada de los consumidores y de las empresas ha llevado a un crecimiento generalmente sólido del consumo y la inversión, y los mercados financieros han seguido arrojando buenos resultados. Inclusive el desempeño del mercado laboral ha sido más alentador, con la creación de 916,000 nuevos empleos en marzo, más del doble del total para febrero y la cifra más alta desde agosto pasado.

La tarea de los responsables de las políticas monetarias este año será separar el fantasma de la inflación (la inminente recuperación después de 2020) de las presiones salariales y de precios subyacentes. En términos ideales, cualquier medida de estímulo adicional apuntará a impulsar la demanda agregada y simultáneamente mejorar la productividad de largo plazo.

La receta para una recuperación sólida y duradera sigue siendo la misma: medidas firmes para controlar el virus, junto con un estímulo monetario y fiscal equilibrado y políticas que apoyen la demanda y al mismo tiempo mejoren la productividad. En las economías que se están recuperando de manera robusta, sería prematuro relajarse en cualquiera de las dos dimensiones; en otras partes, los responsables de las políticas tendrán que redoblar sus esfuerzos en ambas.

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