Blog de Juan José Ortega

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El paraíso de los programadores está en un país africano.

Kenia apuesta por el sector tecnológico para generar empleo. Un ejemplo de éxito es una empresa que, con apoyo de Google, conecta a informáticos africanos con empleos en otros países del continente, así como en Canadá y otros en Europa

El sector de las tecnologías de la información es muy prometedor para el empleo por la gran cantidad de programadores que harán falta en todo el mundo. Cada vez más jóvenes africanos se unen de buen grado a este sector, y para ello disponen de nuevos recursos y oportunidades, como el compromiso adoptado por Google en marzo de 2018 de formar 100.000 programadores informáticos en toda África en un plazo de cinco años. Gracias al programa de 15.000 becas de Google en África para proporcionar formación a programadores de Android e Internet, se han creado empresas como Caspar Coding, que realiza subcontrataciones de profesionales en el campo de las Tecnologías de la Información y la Comunicación. Empezó como colaboradora en Kenia de grandes compañías que buscaban programadores jóvenes, y ya se ha expandido a Ghana, Uganda y Nigeria.

La empresa, fundada por los holandeses Sebastiaan Tan y Vincent Wijdeveld en 2018, conecta a programadores informáticos africanos con oportunidades de empleo en Europa, África y Canadá. Tan recuerda que la primera vez que viajó a Kenia, en 2014, las ONG estaban orientando a los jóvenes hacia empleos tradicionales, como la contabilidad, que posiblemente se quedarán obsoletos en los próximos 10 años debido a la automatización. Pero cuando volvió, en 2017, la tendencia era completamente distinta: había más jóvenes cursando estudios tecnológicos y empleados en esos campos.

“Había mucha gente brillante, con años de experiencia, gracias a empresas como Andela”, comenta Tan en referencia a una de sus socias. “Inicialmente, este proyecto pretendía establecer una colaboración entre Kenia y países de Europa Occidental. Empezamos montando equipos a distancia, pero descubrimos que las oportunidades de aprendizaje y crecimiento eran muy limitadas. El teletrabajo ofrecía menos proyectos interesantes para nuestros empleados. Nuestros programadores buscaban también formas de reubicarse”.

Caspar Coding ideó una buena forma de que pudieran trasladarse a Europa durante un par de años para adquirir experiencia. Después regresarían con sus conocimientos a África. “No forzamos a nadie a tomar una decisión. Me alegro de que vivamos en una época en la que las personas pueden tomar decisiones independientes. Tampoco tenían que volver, aunque esperábamos que lo hicieran”, añade Tan.

La empresa ofrecía a los jóvenes la oportunidad de trabajar en una tecnológica en Europa, lo que significa un entorno más maduro y la oportunidad de aprender. También comprendieron lo difícil que es obtener un visado o un permiso de trabajo, ya que la empresa contratante debe poder demostrar que se ha esforzado intensamente en cubrir el puesto con un ciudadano en paro de la UE o un empleado con una trayectoria profesional destacada. “Sin embargo, la mayoría de los países europeos se mostraron dispuestos a colaborar con nosotros y ofrecer visados permanentes a nuestros empleados. Había una gran demanda de personas que desempeñasen trabajos tecnológicos en Europa. Pero el posible candidato debía tener una experiencia de dos años en una empresa tecnológica para poder aspirar a ellos”, dice.

Con 200 millones de personas entre 15 y 24 años, África cuenta con la mayor población de jóvenes del mundo. Según el Banco Mundial, estos suponen también el 60% de los desempleados del continente. En el norte de África, la tasa de paro juvenil es del 25%, y todavía más elevada en Botsuana, República del Congo, Senegal y Sudáfrica, entre otros.

Los clientes de Caspar Coding van desde empresas que cotizan en el F500, como ING, a otras de creación reciente, como Young Capital. Han conseguido empleo para 60 programadores. Tan está muy orgulloso de Amos Kosgei, de 31 años, su primer programador de Kenia que participó en el programa de traslado a Europa. Amos, programador de Java, lleva 12 años trabajando en el sector tecnológico. Se inspiró mucho en el banco ING, una de las mayores entidades del mundo. “Muchas grandes empresas tienen problemas con la nueva tecnología. Pero este banco ha sido el primero en efectuar correctamente su transformación digital. También tenemos a Benjamin Kagia, de 30 años, que trabaja con Betty Blocks, una plataforma de programación de aplicaciones en Países Bajos”, dice Tan.

Se queja de que la covid-19 ha golpeado duramente a su modelo empresarial debido a las restricciones de los viajes. Aburbak, un ghanés con nueve años de experiencia en Python y DevOps, empezó su nuevo trabajo para una empresa de marketing digital, la alemana Regiohelden, pero ha tenido que teletrabajar debido a las restricciones de viaje impuestas por la pandemia. “Al final conseguiremos enviarlo a Alemania a trabajar con sus nuevos compañeros en la sede social de la empresa. Para las futuras oportunidades, mantenemos ambas opciones abiertas, trabajar a distancia o trasladarse al extranjero”, añade.

Al igual que cualquier otro proyecto, este tiene altibajos, y más aún en África, donde los retos son extremos en comparación con Europa. Caspar Coding ha experimentado una buena dosis de dificultades. Sus fundadores tardaron mucho tiempo en conseguir registrar su empresa legalmente en Kenia. También tuvieron problemas para instalarse porque la mayoría de los miembros del equipo en África tenían varios empleos, algo que no ocurre en Europa, por lo que la ocupación secundaria interfería con el proceso de aprendizaje y con los puestos de trabajo.

“Nuestro modelo se basaba en la relación tradicional entre empleado y empleador, en la que confiamos en que el líder tecnológico de aquí o el responsable de tecnología en Europa mantengan una comunicación total con los programadores. Nos manteníamos fuera de la conversación en la medida de lo posible, y luego descubríamos que algunos de los clientes abandonaban el proyecto porque no se cumplían ciertas expectativas”, explica Tan.

En el futuro, Caspar Coding se apoyará en tres pilares: esperan emplear al mayor número posible de trabajadores; animar a los jóvenes a estudiar tecnología, por las múltiples oportunidades que ofrece; y también, ayudar a los programadores a crear empresas tecnológicas que impulsen la economía.

Decidimos establecernos en Kenia porque sus programadores de software de calidad son mejores y por el número enorme de jóvenes

“Aunque se sabe que Ruanda es el líder de África en TI, decidimos establecernos en Kenia porque sus programadores de software de calidad son mejores y por el número enorme de jóvenes. Esta demografía joven es muy interesante y esperanzadora. El clima también es asombroso”, bromea.

Tan afirma que todo África está adoptando con rapidez la industria tecnológica. Sin embargo, ellos echan de menos el reconocimiento del resto del mundo respecto a África. En Ámsterdam hay una gran demanda de programadores, y el trabajo puede realizarse a distancia.

“He estado yendo y viniendo de aquí a Europa, para hablar con distintas empresas. Cuando llega a nuestra base de datos una oferta de trabajo con reto de programación, dejamos que todos los programadores lo hagan. De este modo, el cliente puede escoger al mejor. Por lo tanto, no somos nosotros quienes decidimos con quién trabaja el cliente”, dice.

Por su trabajo, Caspar Coding optó al premio del Programa de Migración de Seedstars en 2020, que pretende gratificar a empresas innovadoras de nueva creación en sectores de recursos humanos, tecnología financiera, tecnología cívica, tecnología educativa con productos que aportan soluciones para mejorar los sistemas de migración y responder a las necesidades del mercado de trabajo.

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