Blog de Juan José Ortega

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Consejos para instalar la alarma más adecuada en casa.

Los tipos de alarma disponibles en el mercado son tantos en la actualidad que decidirse por uno puede resultar complicado.

La elección adecuada va a depender fundamentalmente del grado de seguridad que se busque y de lo que se esté dispuesto a invertir, así como de otras cuestiones como las características de la vivienda, la ubicación o el estado de ocupación del inmueble.

Toda alarma consta de varios elementos, que como mínimo son:

1) Detectores o sensores. De apertura, de movimiento, de vibraciones… Son los elementos encargados de captar la actividad en el interior de la propiedad, y algunos disponen de cámara incorporada.

2) Unidad de control. Reciben las señales, las procesan y dan aviso a los usuarios o a la central de alarmas.

3) Teclado, desde el que se activa o desactiva la alarma.

4) Sirena, que además de tener un efecto disuasorio, alerta a los vecinos y transeúntes.

Los sistemas de alarma permiten añadir sensores y otros elementos que aumentan la capacidad de detección o la información que transmiten, como controles de acceso (cerraduras electrónicas que impiden que la puerta sea forzada de forma mecánica, y que se desactivan mediante una app, bluetooth o teclado biométrico), sensores de sonido, infrarrojos, de movimiento, cámaras de videovigilancia o dispositivos de señalización visual para usuarios con discapacidad auditiva. Así que, partiendo de los elementos más básicos, las posibilidades y modelos son muchos, y de ellos va a depender su coste de instalación y mantenimiento.

Por esa razón, lo primero que hay que plantearse es el grado de seguridad que requiere la vivienda, que va a depender de factores como el atractivo que pueda suponer para el delincuente, o de las vulnerabilidades del inmueble. En este sentido, los chalets, los áticos, los bajos y los pisos fácilmente escalables entrañan un nivel de riesgo mayor que un piso en un bloque a mayor altura de una familia de un nivel económico medio.

¿Alarma con o sin cuotas?

Esta evaluación del riesgo será útil para determinar cuánto se está dispuesto a pagar por un sistema de alarma. Si se opta por una alarma conectada a una central, la empresa de seguridad se encargará de atender el aviso, comprobarlo (en algunos casos mediante un vigilante) y, en caso necesario, de avisar a la policía; pero hay que tener en cuenta que esta opción implica el pago de una cuota mensual.

En el caso de decantarse por una alarma sin cuota, será el propietario, o las personas que así haya determinado, quienes atiendan la incidencia. Existen múltiples modelos de este tipo de alarmas, con distintas prestaciones, desde las que dan aviso a los números preestablecidos a las que permiten monitorear desde el móvil las cámaras de la vivienda a través de una aplicación.

En esta elección también influirá si la casa se utiliza como primera o segunda residencia y, por tanto, si el propietario o algún vecino o allegado podrá hacerse cargo personalmente de un posible aviso.

Domótica aplicada a las alarmas

Las posibilidades que ofrecen los sistemas domóticos son tantas que también permiten añadir nuevas funciones a la alarma del hogar. Un ejemplo son las alarmas por fases, que disuaden al asaltante y alertan a los vecinos de forma progresiva con acciones que van desde encender y apagar las luces o subir y bajar las persianas hasta emitir un sonido de sirena a todo volumen; además de dar la opción de visualizar lo que ocurre dentro de la vivienda.

Además de las funciones de detección y aviso, la domótica permite, de forma complementaria a una alarma, ahondar en la prevención. En segundas residencias, o si la vivienda va a permanecer días vacía, ofrece posibilidades como subir o bajar las persianas del inmueble o encender las luces un número de horas determinadas al día, para simular así la presencia humana en su interior.

Otra de las ventajas que ofrece la domótica aplicada a la seguridad es que, más allá de la presencia de ladrones, puede alertarnos de cualquier otro problema que se presente en el domicilio, mediante sensores de gas, de temperatura o de humedad. Algo muy útil si no se reside de forma permanente en la vivienda, especialmente si se encuentra lejos de la primera residencia, ya que puede permitir actuar rápido sobre averías o accidentes de las que de otro modo nos percataríamos pasado más tiempo.

De este modo se puede aprovechar el momento de realizar una inversión en un sistema de alarma para añadir otras utilidades que van a mejorar la seguridad de la vivienda en otros sentidos.

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